Lo que está en juego el 17-D

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por Pablo Parry (Comunicador Social – Revista De Frente. Sociólogo. Abogado en formación)

Estamos ya a pocos días de uno de los plebiscitos más trascendentales de nuestra historia. Las cartas, en general, ya están bastante echadas y todo lo que se pudo hacer ya se hizo. Sin embargo, no por ello no recordaremos qué es lo que nos lleva a quienes estamos en la vereda del cambio social y la superación de este orden económico injusto impuesto a través de una dictadura criminal, a rechazar el texto que será plebiscitado este domingo.

Ya mucho se ha hablado y harta tinta se ha vertido en relación al carácter neoliberal, autoritario y retardatario que impone el anteproyecto del CC. Que se constitucionalizan las ISAPRES, que nos roban a manos llenas la salud, que ratifica las AFP, fabricantes de una tercera edad cada día más empobrecida por un sistema que nunca se hizo para dar pensiones, y que se mete con nuestra educación, no estableciendo con claridad un sistema público y gratuito en todos los niveles de la enseñanza.

Así, suman y siguen las vergüenzas de esta constitución del pinochetismo extremo, con la ratificación de la expulsión migratoria «en el menor tiempo posible», la reducción del carácter jerárquico de los tratados internacionales de DDHH y la eventual amnistía de criminales de lesa humanidad en virtud de «razones humanitarias». No hay nada, por tanto, salvable de este proyecto constitucional aberrante que solo pretende continuar con la enajenación y privatización de la vida social en pos de los intereses de unos pocos.

Pero si ha habido un tema que realmente debería ser la única razón suficiente para llamar a rechazar este monstruo es nada más ni nada menos que un simple artículo ubicado en el capítulo de reforma a la constitución de este anteproyecto, el cual versa lo siguiente:

Artículo N°214 – Inciso N°2 de los procedimientos de cambio constitucional: «El proyecto de reforma necesitará para ser aprobado de los 3/5 de los Senadores y Diputados en ejercicio».

Vemos una vez más cómo la extrema derecha vuelve a invocar los quórums supramayoritarios para intentar petrificar a perpetuidad el régimen de exclusión y privilegios que esta constitución busca consolidar. Si a esta disposición se le agrega la reducción de los parlamentarios en ejercicio (lo que va a limitar aún más la posibilidad de representación parlamentaria de las fuerzas políticas, volviendo de facto al sistema binominal), las posibilidades de que quedemos atrapados inexorablemente en un cerrojo constitucional están completamente a la mano.

Nuestro pueblo ya dijo con contundencia el 25 de octubre del 2020 que quería una nueva constitución nacida de un proceso democrático. La ratificación en plebiscito del anteproyecto del Partido Republicano y Chile Vamos no solo va en contra de aquel principio, sino que busca limitar cualquier posibilidad futura de discutir el orden constitucional que nuestro país tanto requiere para los cambios sociales tan necesarios para garantizar una vida digna para todos.

Y es que por ese argumento y muchos, muchos más, este 17 de diciembre a votar con total convicción EN CONTRA de esta constitución reaccionaria, y a trabajar con todo el empeño y la esperanza para sentar las bases de una Asamblea Constituyente, libre, popular y soberana que abra el camino a aquello por lo que el pueblo se movilizó en las calles aquella mañana del 18 de octubre del 2019: La Cuarta República Chilena, plebeya, democrática y popular.

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Se abre un tiempo de resistencia para el pueblo de Chile, en que los males sociales no serán superados en términos inmediatos.  Se abre la lucha contra la corrupción de una institucionalidad que actúa en el secretismo y la impunidad; en que el abandono de los pobres y excluidos, de los niños y ancianos, se considera natural.

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